Durante las Trente Glorieuses, varias grandes ciudades francesas fueron gobernadas y representadas por "líderes" como Jacques Chaban-Delmas en Burdeos, Georges Frêche en Montpellier o Pierre Mauroy en Lille. El poder de estas personalidades se basaba, por supuesto, en su carisma personal, pero también en su capacidad de estar fuertemente insertadas en la sociedad y en las redes locales y de ser capaces de representar los intereses de su ciudad a escala nacional, basándose en mandatos nacionales, a veces de primer orden. La construcción progresiva del sistema intermunicipal francés también ha reforzado, al menos en un primer momento, su poder, al permitirles posicionarse como "aglutinadores" en temas más bien consensuados a nivel local, como la recuperación de terrenos industriales baldíos a través de proyectos urbanos o políticas de divulgación.